martes, 17 de noviembre de 2009
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"...y tu ausencia se mimetizó en el agua que llegó a este estuario..."... y decidí volver por un segundo a mis pasos, para decir adiós en silencio. Sin violencia. Tranquila. Relajada. En aquellos días me ahogué muchas veces. Siempre alguien me rescataba. Pero me volvía a hundir. No solo porque no sé nadar. Sino porque no me quería poner el salvavidas. Y me tiraba al agua. Sin un rumbo fijo. O tal vez sí. Pero que nunca lo podía alcanzar. Porque ese rumbo no tenía un rumbo. Y así pasaron días y meses. Ahogándome constantemente. Hundiéndome profundamente. Y me alejé de las aguas para no volver a ahogarme. Para no hundirme como una piedra. Para que no se rompa el bote. Y pensaba dejar de remar. Saben que soy insistente y cabeza dura. Pero por un segundo pensé. Y decidí volver. Pero no como antes. Busqué un río más calmo. Sin tantas turbulencias ni remolinos. Sin tantas olas y vaivenes. Y construí una balsa. Todavía no estoy muy segura si se va a hundir o no. no sé si me voy a ahogar nuevamente o no. no sé cuantos salvavidas voy a tener para ayudarme. Pero prefiero pensar en el ahora y no en un mañana. Prefiero creer en el hoy. Y el río esta calmo. Y me siento segura. Con miedo si, pero confiada a la vez. Quizás mañana llueva y tengamos que empezar de nuevo. El agua me moja los pies. Y siento tus aguas. Estoy olvidando un pasado de aguas turbias para asentarme en un mejor presente. Aunque nada termina por olvidarse jamás. Pero empecé a remar de nuevo, pero ahora para alcanzar un horizonte. Ayer lo veía muy lejos. Y ese horizonte se fue. Pero nada es único. Y aparecen nuevos horizontes y nuevos desafíos. Y quiero remar con confianza. Quiero remarte con confianza. Espero no ahogarme de nuevo. Porque este río me gustaría navegarlo por completo. Y no quisiera hundirme otra vez. No me dejes, no quiero hundirme otra vez.
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